...




El miedo se me estaba acercando con un paso acelerado y con una camiseta blanca, la verdad es que ese color le sentaba bien, como todos. Llegó y todos los colores se me olvidaron, se me olvidó que apenas nos conocíamos y que eramos dos desconocidos que con el tiempo aprenderían que lo mejor que les pudo pasar en la vida fue tropezarnos esta noche, porque lo único que querríamos a partir de ese momento sería despertarnos cada mañana con tu sonrisa de despertador.
Giré. Cuando me dí cuenta ya había chocado mi cuerpo contra el suyo. Su camiseta blanca iba a juego con mis pantalones. Y sus grandes ojos marrones se habían parado en mí sin saber qué decir.
-Lo siento...(no sé por qué se disculpó, supongo que no se dio cuenta que nuestro único error  fue no habernos conocido antes).