La última noche que me animo a recordar
es la misma madrugada
que guardaste en tu placar.
La verdad es que me alegro
y se muy bien que para vos
olvidarme es tu mayor felicidad.
Además no te cuesta nada,
ya me conforma ser tu juego,
tu pavada.
Hoy sería infeliz si no me haces sufrir.
La primera mañana que me hiciste disfrutar
fue un domingo a la tarde en realidad
me causó y todavía llevo ese horror en mi piel,
ese horror en mi piel.
Sigo vivo solo si sé lo que haces...