Dijo "hola" y "adiós", y el portazo sonó como un signo de interrogación; sospecho que así se vengaba, a través del olvido,
Cupido de mí.
No pido perdón, ¿para qué? si me va a perdonar porque ya no le importa.
Siempre tuvo la frente muy alta, la lengua muy larga y la falda muy corta.